La madre que huye

En junio pasado, sugerí La femme qui fuit de Anaïs Barbeau-Lavalette a mi madre, a quien nunca había visto tomar un libro en su vida.

Durante mi infancia, mi único contacto con la literatura fue ver a papá leyendo La Presse los sábados por la mañana. Periódicos que después servían para alimentar el fuego de la chimenea, o para cubrir el suelo cuando pintábamos. A veces, sentado con mi plato de cereal, trataba de imitarlo, ignorando totalmente lo que leía. Tenía los dedos manchados. El ejercicio terminaba por aburrirme e iba a lavarme las manos.

Mamá tenía una biblioteca en el sótano. No una biblioteca, sino una estantería de melamina desgastada. Sus dos estantes frágiles contenían un Bescherelle que me sirvió durante mi primaria, una recopilación de famosos pintores heredada por mi abuela, un libro de recetas que guarda desde su primer matrimonio y la serie, incompleta, de Filles de Caleb.

Aunque a mi hermana no le gusta la literatura, ella me ofreció mi primera novela. Creo que tenía ocho años, estoy seguro de que ella ya lo olvidó. Me acuerdo muy bien de ese libro. Editado por La courte échelle, se llamaba Peut-on dessiner un souvenir ? de la escritora Sylvie Desrosiers. Recuerdo haberme sentido atraido por el perrito naranja sobre la portada, pero al mismo tiempo decepcionado de recibir una novela en vez de un producto derivado de Pokémon. Lo guardé en la estantería de mamá y volví a tomar mi Game Boy.

La literatura nunca fue sinónimo de placer en mi infancia. No porque estuviera prohibida, solamente estaba ausente. A los nueve años Borges había traducido The Happy Prince de Oscar Wilde, yo quería hacer carreras de bicicletas con mis amigos y ver los Simpson.

En noviembre pasado, me di cuenta de que mi madre había comprado una copia de La femme qui fuit, estaba muy sorprendido, pero sobre todo encantado. Lo compré en Renaud-Bray cuando fuimos por tu regalo de cumpleaños, me dijo. El separador estaba en la página 44. Chido, lo había empezado.

A los catorce años, envuelto por el aburrimiento de un día gris, revisé la estantería de mamá no sé por qué razón. Volví a sacar el libro de Sylvie Desrosiers. Al principio me llamó la atención el perrito naranja, luego la primera oración, y me dejé llevar. En la noche, había terminado el libro. Me gustó. Me había impregnado en la historia, y tenía los dedos limpios esta vez.

Las lecturas se dieron : historietas de Tintin y Asterix. Mis primeros libros de Harry Potter y luego de Patrick Senécal. Mientras más leía, más me interesaba la literatura. No me convertí en un gran lector, hay que entenderlo. Leer siempre me ha demandado mucha concentración, no es algo que hago naturalmente, requiere un inmenso esfuerzo de mi parte. Lo que me seduce, es que por el precio del lenguaje y de la austeridad de una página, puedo trascender mi implacable soledad. Leo porque nos pone en perspectiva, nos explica.

La Albertine disparue de Proust, es tu primer amor que nunca olvidarás. Las ‘’antiguas montañas rayadas del norte’’ de Miron, es donde tus abuelos siempre han vivido y donde te sientes en casa. La sencillez de la familia de Annie Erneaux, es tu familia. La femme qui fuit, es tu angustia ante la idea de tener un hijo. Todo ya está, nada es único en lo que vives. Lo que te distingue, es la manera en que vas a contarlo.

La escritura como una mancha de nacimiento legada por toda la humanidad.

Una tarde de enero, visité a mis padres. Tu madre está presionada hoy, dijo mi padre. Noté que La femme qui fuit estaba en el mueble de la sala, el separador todavía estaba en la página 44. Oye mamá ¿continuaste tu lectura? le pregunté entregándosela. No tuve  tiempo, me contestó. Tomó la novela empolvada, la dejó, se puso el abrigo rapidamente y salió de compras.

Quebexicano


5 respuestas a “La madre que huye

  1. Hola, es una buena sensación lo que transmite lo que cuentas, sobre todo con la sinceridad y humildad que desprendes.
    Es verdad, hay que empezar pronto las lecturas, pero eso requiere que el ambiente sea propicio. De todas formas nunca es tarde para empezar, los tiempos son diferentes para cada persona.
    Por último decirte que tú bitácora es una que disfruto mucho. Buen trabajo.

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  2. Hola!
    Me gusta la manera que tienes de transmitir con letras. Y este post especialmente. Yo también tengo mi propia historia de “nacimiento” como lectora, curiosamente a mi me “capto” mi madre, a muy temprana edad también.
    Un saludo 👋🏻

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