M A P A C H E

Este año, hay un recrudecimiento de animales muertos en las orillas de las carreteras. Para superar este problema (sí, es un problema porque a la gente de los barrios ricos no le gusta ver al que podría ser su gato Mimí asándose los intestinos sobre el asfalto), el gobierno decidió crear SOS fauna. Su función principal consiste en recorrer las carreteras de la provincia en búsqueda de animales decapitados o destripados para luego tirarlos al basurero.

Hoy, hago mi primera ronda sólo en la 15 Norte.

Un mapache yace allá.

Su pelo gris y su cola rayada. La cabeza casi desapareció. Paro el camión y bajo. La pala en las manos.

Las carreteras son unas carnicerías. M   A   P   A   C   H   E.

Me acerco, apesta.

Dudo si es realmente un mapache. Era uno, sí. Es un cadáver, no es un mapache. El mapache se mueve. No se queda inmóvil en la orilla de la carretera.

Mi pala hace un sonido estridente cuando trato de despegar el cadáver del asfalto. Levanto la cabeza y noto, del otro lado de la carretera, un camión de SOS fauna igualito al mío.

Un hombre recoge una carcasa de mapache. Levanta la cabeza y me mira. Lo veo fijamente ; me ve fijamente. Sus labios se mueven ; los míos también. No escucho. El ruido de los carros es demasiado fuerte. Sigue hablando. Cada vehículo que pasa corta el sonido de su voz y me deja atrapar algunos fragmentos, sílabas.

Logro atrapar una. Ra.

Un camión pasa. Entrecierro mis ojos. Él también. Tregua.

Raton laveur. Regreso al mapache. Aún acostado en mi pala. Al levantarlo, la fisura en su vientre se abre y sus entrañas caen al suelo. Su tubo digestivo se rasga y pende en el aire.

El olor es asqueroso. M   A   P   A   C   H   E.

El chico me repite lo mismo raton laveur. Parece seguro de si mismo. Mi pala tiembla. Las víceras del mapache se escapan otra vez y caen al suelo con un ruido pesado y húmedo. Destripado, vacío, me cuesta definirlo, llamarlo. No lo reconozco.

Un carro rojo baja la velocidad cuando ve la escena. Puedo distinguir en la cara de la conductora una expresión de horror. Se aproxima a mí y se inmovilisa. La niña sentada en el asiento del copiloto baja la ventana y me lanza This is not a racoon, this is gross. Siguen su camino.

Sin saber por qué comienzo a sentir vergüenza. M   A   P   A   C   H   E.

Quiero cambiar de trabajo, o al menos no quiero hacer más rondas solo. Regreso al mapache. No lo veo más : se deslizó afuera de mi pala. La carcasa se deshizo en pequeños pedacitos, pequeños como cenizas. Así desaparecida, llevada por el viento, me quedé plantado ahí mirando del otro lado de la carretera.

El chico recogió el raton laveur con facilidad. Nada gross. Ni una tripa en el asfalto caliente. Lo envidio. Me saludó, sonriendo. Subió a su camión y retomó su camino en la 15 Sur.

Ese año, hubo un recrudecimiento importante de animales muertos en las orillas de las carreteras, y ya no me importó.

Quebexicano


2 respuestas a “M A P A C H E

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